24 de octubre de 2013

Última visita

Hoy jueves 15 de agosto de 1991 a las siete de la madrugada, ingresamos al departamento 5B de la calle Bolívar número 148, en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, a raíz de la denuncia realizada por Ezequiel Alfonso en relación a la desaparición de su amigo Juvenal Medina, inquilino del departamento antes mencionado. Registramos la vivienda sin hallar rastros de él; descubrimos un diario personal, encontramos la máquina de escribir, el reloj de arena y las monedas que allí menciona, pero no estaban los cuchillos ni había rastros de los objetos quemados en la cocina leña según se describe en las notas. Nada nos indica donde puede estar el individuo. No hemos podido hallar a la mujer, ni tenemos pistas sobre su identidad. A continuación se expone un fragmento del registro llevado la última semana en el diario de Juvenal Medina, esperamos sea de ayuda para dar con su paradero.

Atte. Detective Miguel Ceballos.


Martes 

Estoy aburrido, el día pasó viscoso, todavía lo tengo pegado a la ropa. Nada interesante en la tienda, Julia se miró las uñas durante toda la tarde, chocándolas unas contra otras, haciendo ese ruido detestable mientras espera los billetes. José leyó el diario al llegar y luego se perdió en protestas a lo largo del día por ser el empleado excepcional al que no le reconocen nada. Yo me mantuve lejos, en la sección de trajes y corbatas, mimetizándome como el camaleón para que se olvidaran de mí. 

Volví a casa media hora más tarde de lo habitual, el colectivo pasó antes de hora, tuve que esperar el próximo que llegó con retraso. Me bañé, recalenté un pedazo de tarta de anoche y me apagué frente al televisor por un rato para que la basura se me apilara dentro. 



Miércoles

Hoy volvió el frío, hubo poco movimiento en la tienda, revisé los estantes tantas veces que creo ya aprendí de memoria el orden. Lo mismo de siempre. Cuando faltaba media hora para cerrar la lluvia comenzó, salí cinco minutos antes de las ocho para asegurarme de no perder el colectivo. Llegué a tiempo pero iba lleno, el colectivero nos pasó por delante sintiéndose Dios por unos segundos, decidiendo quien subía al paraíso con techo y quien seguía esperando en la garita. Regresé a casa cuarenta minutos después, mojado y con frío, me duché y creo que no voy a cenar, será mejor ir directo a la cama a descansar. 

Ezequiel me avisó que este viernes hay feria de antigüedades en el gimnasio del club; hace un mes desde la última, tengo ganas de ir a revisar los viejos cajones apilados y encontrar alguna extrañeza, como cuando hallé aquel diente de ballena con extraños tallados y resultó ser el diario de viaje de algún marinero. Presiento que algo bueno me espera.



Jueves

Nada importante. Otra vez perdí el colectivo y tuve que esperar al próximo, una mujer me miró fijo desde el asiento del fondo durante todo el viaje, me hizo sentir incómodo. José me dio permiso para retirarme más temprano del trabajo mañana, Ezequiel me pasa a buscar en el auto; vamos a estar antes de las cinco en el club para ser de los primeros en comprar y no perdernos de lo bueno. Ya fui al banco a retirar dinero, me enteré que el colorado va a estar, consiguió muchas cosas para vender en una venta de garage, parece que encontró buena mercadería. Me voy a dormir aunque no creo que pueda, estoy ansioso. 



Viernes

Soñé con una mujer, con sus ojos, no sé quién es, ni de donde traigo su recuerdo, pero fue demasiado real, era extraña la forma en que me veía. Debería anotarlo todo pero no tengo tiempo, debo ir a trabajar.



Sábado 

Anoche volví tarde, encontramos muchas cosas interesantes en la feria, Ezequiel compró un rifle, un par de cuadros que valían por los marcos de madera, algunos relojes de bolsillo y un par de juguetes hechos a mano. Yo conseguí buena mercadería, una máquina de escribir Remington, un reloj de arena antiquísimo, algunas monedas de colección, dos cuchillos de plata y una valija española de 1930 que aún no pude abrir, tiene una cerradura extraña. En cuanto vuelva de visitar a mamá voy a intentar abrirla.

Se hizo de noche, pasé demasiado tiempo en casa de mamá, se siente muy sola últimamente, no quería dejarla. Mañana a primera hora aprovechando la luz del sol abriré la valija, tengo curiosidad por ver el interior, está liviana pero el peso no está equilibrado y un sonido se arrastra dentro al moverla, tal vez encuentre una buena historia allí dentro.



Domingo

Volví a soñar con ella anoche. Estábamos en un barco vestidos de principio de siglo, la gente nos despedía desde el puerto, un niño de unos cinco años gritaba entre llantos, se aferraba con ambas manos a la baranda de la pasarela, un hombre mayor de cabello blanco lo sostenía por los hombros. Ella estaba tensa, a mi lado, tenía los brazos estirados contra su cuerpo, los puños cerrados, no podía moverse; yo la sujetaba con demasiada fuerza. Cuando el niño desapareció arrastrado por el hombre hacia el interior de un carruaje esperé un tiempo y cuando nos adentramos en alta mar finalmente la liberé, alzó la cabeza y me miró por única vez. El infierno se había desatado en su mirada buscándome. Se alejó lento, caminaba a tientas sujetándose del pasamanos, cuando llegó a la popa se alejó del grupo de personas que observaban la corriente y simplemente saltó. No volvió a salir o desperté antes de que lo hiciera.

No acostumbro soñar, no sé de donde llegó esta mujer que vuelve una y otra vez a mis pensamientos, esa mirada me recuerda a alguien más, su cara me es familiar.



Domingo a la tarde

Limpié la máquina de escribir, también la probé, funciona a la perfección, sólo queda encontrarle comprador, tal vez Gutiérrez esté interesado. Me llevó casi toda la tarde desmontar las piezas, limpiarlas y volver a armarla. Intenté abrir la valija varias veces pero no logré hacerlo. Mañana voy a pasar por lo de Ezequiel a ver si se le ocurre algo. Me voy a dormir, a primera hora llega mercadería a la tienda, el día va a ser largo.



Lunes

Volví a soñar con ella, estaba parada junto a los pies de mi cama, yo estaba despierto, apoyé mis codos contra el colchón y me incorporé al verla. Vestía como aquella mañana en que se lanzó al agua, su pelo estaba mojado. Me dio la misma mirada de nuevo, el olor rancio a mar muerto me produjo arcadas, desperté de pronto con la piel pegajosa cubierta de sudor frío, el aroma aún persistía en el cuarto o en mi cabeza. Fue a las cuatro y media, tenía sed pero no quise salir de la cama en la oscuridad de la habitación, temía que el sueño no se hubiese ido aún.
Hace un rato me levanté para ir a trabajar, cuando llegué a la cocina vi que la valija estaba sobre la mesa, no recuerdo haberla dejado ahí, tan sólo fue tocar la cerradura y se abrió sin el menor esfuerzo. Adentro encontré ropa de mujer, vestidos rosas y amarillos, un diario personal sin estrenar con dos fotos entre sus páginas, una es del niño, en la otra están los tres: el niño sonríe, ella lo sostiene de la mano, tiene miedo en la mirada, es joven, de unos veinte años. El hombre que sujetaba al niño en el puerto está parado a su lado, pareciera estar incómodo, avergonzado. La sombra de una mano ajena se ve en la pared junto a ella. ¿Quién es esta mujer? ¿Por qué está entrando en mis sueños desde antes de que encontrara la valija? No tiene sentido, tal vez lo mejor sea librarme de todo esto; debo ir a trabajar.


Las luces están apagadas las cortinas cerradas escribo desde el rincón del dormitorio con un velador en el piso tengo miedo de que me haya seguido fui a la tienda por suerte estaba toda la mercadería apilada y pude mantenerme ocupado durante todo día sin pensaren ella. No miré la hora y se me hizo tarde de nuevo perdí el colectivo tuve que tomar el siguiente. Estaba repleto me quedé parado en la mitad del pasillo sólo quería llegar a casa pocas cuadras después de subir varios pasajeros bajaron del micro por la parte de atrás miré para buscar un lugar con más aire y entonces la vi sentada en la fila del fondo con los ojos huracanados clavados en mí la daga fría me recorrió la espalda intenté ocultarme tras otros pasajeros pero siempre me hallaba. Cuando faltaban dos paradas para la mía me escabullí entre la gente bajé antes y vine para casa sin mirar atrás. Está muerta eso es seguro no puede estar siguiéndome desde mis sueños desde mis vidas pasadas si es que las tengo. No quiero que llegue esta noche, tengo que deshacerme de todo.


Son las cuatro de la mañana no ha aparecido, creo que estoy a salvo. Ya quemé toda la ropa en la cocina leña, destrocé la valija en pedazos y también la eché al fuego, por último rompí las fotos y el diario y las arrojé también a la cocina, están ardiendo, ya no queda nada que le pertenezca.

Ese olor a mar está volviendo


Victoria Montes