27 de noviembre de 2013

Caos


Las sombras
se anudan,
en el alma vieja.
Vuelve la angustia,
el deseo de cambiar la piel.
Tan solo esperar
que las emociones
amainen,
y dejen de golpearme,
como rayos
en la tormenta.

Los colores
se van apagando,
sobre la noche,
que se hace eterna.
El amor
sigue pendiendo del hilo
que cruza tu boca,
la mía,
la de ella.

Otra vez el miedo bestial
que se despierta,
y en el sueño
ya no hallo reparo;
porque los demonios
me están esperando,
a la hora
en que el agua turbia
se amansa
y en mis ojos
se desata la impaciencia.

Porque sigo esperando
aquello que no llega,
y continuo perdiendo
lo que me alcanza
a ciegas.
Tengo el alma cansada,
el espíritu vencido,
y el cuerpo desgastado.
En el breve momento
en que la paz me encuentra,
veo las luces
llegando
desde el interior
de mi oscuridad más profunda,
y mantengo la esperanza
de que algún día,
me alcanzarán.

La falta de fe,
en algo místico,
en mi misma,
me pone de espaldas contra la pared.
Quisiera creer
que va a despertar
el sentimiento en alguna parte;
pero voy quedando a la deriva
de lo supremo,
de aquello que nos salva,
nos ve morir,
y nos recoge.

Soy una plaza vacía.
Me perdí otra vez,
no consigo encontrarme.
Y el miedo a la muerte
que llega,
se va,
y se queda.

Victoria Montes