2 de enero de 2014

La vuelta

Porque suele ser
tu mejor huella,
la del regreso.
La que te encuentra
con los abrazos conocidos
y las sonrisas de tus hijos,
sentados en diciembre,
esperando en la vereda
que aparezcas en la esquina
con el rostro cansado
y los soles de otras tierras
mientras aprietan las manos
y se impacientan,
por verte llegar.

Porque el viaje es travesía,
y el camino
ansias de cambio.
Pero mejor volver,
y ver como las luces
se encienden a lo lejos
cuando la ruta 
te devuelve sobre tus pasos;
el sol
va durmiendo el camino
mientras la luna blanca
te da descanso,
y los amigos
que van marchando
te reciben 
con doble guiño,
cuando la última curva 
te pone
de cara a la ciudad.

Porque con el regreso
llegan las historias 
que con tu voz 
adornan el aire
y reviven personajes
de mundos distantes:
los que ven el atardecer
tras el volante,
los que con la tierra 
se ensucian las manos,
aquellos que acarrean
las bolsas en el mercado,
los estudiantes y las maestras
que preparan el mate
a cambio del aventón.

Porque hay que marcharse
para que el recuerdo se encienda
en la noche solitaria
y extrañes,
el olor del pan casero,
las corridas a la hora de la siesta,
las diez manos sobre la mesa,
la cama compartida,
y mirarse en unos ojos
que despiden el día
con un beso final.

Porque en los últimos kilómetros
la ruta se hace larga,
pero es sabido 
viajero
que no hay mejor final
que volver a casa.

Victoria Montes