5 de septiembre de 2013

En Compañía

El muerto respira,
se levanta,
y me busca pidiendo consuelo.
Tiene miedo,
lo veo en sus ojos,
de encontrarse solo
cuando llegue el sueño.

Yo también tengo algo de muerte.
Vida gris que se consume,
como el aire,
cercado por el fuego.

Quererte,
por no tolerar esta soledad,
que me obliga a verme el rostro,
a medirme las arrugas,
a contar las manchas
que se pintan sobre la piel.

Que me quieras,
por ausencia de abandono,
para llenar el espacio
que te han regalado vacío.

Enamorarnos
en medio del ida y vuelta.
Cantarte las horas,
para que sean más lentas.
Empujar la soledad
en el rincón de lo que olvido.

Quedarme parada
junto a tu alma,
esperando ser presencia.


Victoria Montes